De amores eternos

Author: Devendrah / Pequeñas memorias: , ,

"Y aunque hay amores que viven en los cielos, más allá de los problemas terrenales, también los hay que habitan el infierno lamiendo el magma de las ilusiones hipócritas y el amor frustrado" -D. 





A mi café le falta algo. O quizás... Tal vez le faltas tú. Tal vez le falta ese toque de depresión realista que le ponías a todas las cosas. Esas advertencias fatalistas que no podían faltar en tu tema de conversación. Ayer soñé algo extraño. Soñé lo que debía hacer con respecto a mi asunto, y he olvidado la respuesta. ¿Por qué la olvidé? Tal vez olvidé ponerle algo a mi café también. No lo sé. Y ahora me miras sin expresión alguna, cielo. ¿Por qué es que me miras así? No lo hagas por favor, posa tus ojos sobre cualquier otro objeto. Te lo imploro. Parecieras recriminarme las hazañas pasadas. No puedo evitar sentirme culpable. Lo lamento tanto. No digas nada por favor. Simplemente, te daré una rosa. ¿Un clavel quizás? ¿No? ¿Qué te parecería una orquídea? Las orquídeas eran tus favoritas cuando vivías en casa. Aún le doy un sorbo al café y siento que le hace falta algo. Quizás es tan solo que me hace falta algo a mí y me empeño en derramar las culpas sobre esta inocente taza. Por eso todos los que pasaban me miraban de manera sospechosa. Tú sabes que no estoy loco, cielo mío. Lo sabes bien. Es tan sólo una máscara que he decidido usar para que nadie más intente volver a lastimarme. ¿Recuerdas el día que te conocí? Estaba llorando. Tú también llorabas. Nos vimos, uno de cada lado del parque, en nuestras respectivas bancas, con nuestras respectivas soledades y tristezas. Allí estábamos. Nuestras miradas trabaron amistad. Crucé el parque, me senté a tu lado y te abracé. Lloramos juntos por bastante tiempo ¿Lo recuerdas? Claro que lo recuerdas, no puede pasar desapercibido tal recuerdo. Un recuerdo que de seguro ha marcado tu existencia. Me apoyé en tu hombro, tú en el mío y compartimos dolores que poco a poco se fueron calmando con la tibieza del cuerpo del otro. Allí comenzó todo. Y tuvimos una relación tan hermosa, tan sencilla. ¿Por qué debió terminar así, rosa de mi alma? Me sigo preguntando el por qué al llegar cada noche, con cada viento helado que entra por mi ventana entra también un mar impetuoso de dudas que empapa mi almohada y me deja inerte. Y al día siguiente me levanto muerto. Los escalofríos me asaltan en pandillas, los ataques de asma no me abandonan un segundo. He adelgazado ¿Lo ves? ¡Tu falta de amor me ha dejado en los huesos! ¿Por qué me abandonaste así, alma mía? ¡Me lo pregunto cada tarde, cada madrugada! E intento pensar en otra cosa, entretener mi mente en el juego, el vicio y las mujeres. ¡No puedo! ¿Qué es lo que me has hecho? ¿Qué clase de hechizo o amarre ha tendido sobre mí tu sombra de celos o despecho? ¡No puedo seguir viviendo así! Libérame ya. ¿Por qué aceptaste la apremiante invitación de un café tergiversado? ¡Dímelo! ¡Dímelo porque, solo, no puedo comprenderlo! Te di todo lo que tenía. Todo lo que jamás podré tener. ¿Qué mal te hice?
A mí café le falta algo. Le faltas tú, sin duda alguna. Y a mi me falta esa inyección de adrenalina que no se encuentra en ninguna farmacia. He dejado mis costumbres. Me he arrepentido de todo mal que pude haberte provocado. ¡Di algo por el amor de Dios! Mejor calla. Tu dulce voz penetrará mis oídos perforando mi cerebro, dejándome muerto. ¡Habla! ¡Habla, que muerto estoy ya! No me mires así. Por favor, te lo imploro. Te he citado, no para reclamarte nada, si no para decirte que perdono tu engaño último. Sé a dónde fuiste aquella noche. Se con quién, a qué hora, en qué coche. Porque les vi. Te miré bajar los peldaños y montar ese auto del año, besar al fulano en el cuello y partir a toda velocidad. Estaba yo, no en casa de mi madre, si no en el departamento de arriba. Hubiera visto el fútbol, de verdad lo hubiera hecho, si no hubiera notado aquel temblor extraño en tu voz. ¿Era emoción? No sé. No quiero saberlo. No lo sabré. Pero sé que fuiste a su casa. Quizás la mía jamás fue lo suficientemente grande para ti, o lo suficientemente cálida. Y llegaste a su mansión de hielo y lo derretiste como solías hacerlo conmigo. ¿Qué te hizo falta? ¿Dinero? Bien sabes que trabajaba tan sólo para ti, todo era para ti. ¿Amor? No puedes decir eso. Mi alma te pertenecía y te pertenece aunque ya no sea correspondido. ¿Comprensión? ¿Quién más que yo te escuchaba y entendía, o hacía el intento de, sin importar hora, lugar o estado de ánimo? Amor mío, no puedes pedir nada más. Porque bien sabes que me he quedado sin nada por ti.
Mi café se ha enfriado. Y ha sucedido sin que tú abrieras la boca una sola vez. Tus ojos son tan hermosos cuando me miran desde allí. La claridad del agua los hace aún más bellos, y admito que hace a tu piel aún más blanca. Sí, eres un ángel. ¿Eras? Hace unos minutos que te vi entrar, con el pelo suelto y el vestido que tanto me gusta, me di cuenta de que debes quedarte a mi lado. Perteneces a mi lado. Eres mi complemento, sencillamente eso. Mi media naranja, cielo. Iba a bañarme y te vi pasar, recogiendo tus cosas. Juntando todo en una maleta para irte en un viaje sin destino conocido y jamás volver. No he podido resistirme, lo siento. Y te lo repito por última vez, así que escúchalo bien, amor. Me arrepiento. Pero mi arrepentimiento se divide en dos. Una de las vertientes me alegra porque sé que a partir de hoy, nuestro pacto ha sido sellado. Nuestro amor se ha consumado y tú, ángel de belleza infinita, te quedarás conmigo por siempre. La otra, sin embargo, me dice que los medios por los cuales lo he logrado no han sido precisamente los mejores, pero el fin, sin duda, fue el más puro y tierno que jamás existió. Te amo. Te amaré por siempre. Y el agua que, ahora inmóvil, descansa sobre ti, mi cielo, te guardará hasta que seamos llevados a nuestro eterno sitio de descanso. Hasta que vayamos al cielo. Aún puedo ver tus ojos abiertos totalmente en el fondo de la tina, a pesar de que mi vista se nubla. Ya casi no siento el suelo debajo de mi cuerpo tendido junto a la bañera, mi vista se nubla cada vez más. A mi café le falta algo. O quizás... quizás  fue el veneno lo que alteró su sabor.




"Y he aquí, que mi creatividad no fue la suficiente para ganarle la apuesta al catorce de febrero. Estúpido día sin inhalador, asmático. Su respiración descompasada provoca mis más sinceras risas. Saludos a aquéllos buenos seres que aún disfrutan del amor que no ha sido comprado en la tienda de la esquina... O en la esquina. Con mi más puro y destilado cariño corrosivo, feliz quince de febrero" D.

6 elefantes:

Jo Pelerín dijo...

Muy, muy bueno... Un final inesperado..

Erickkkkkkkkk dijo...

no lo lei pero ps ha de estar bueno
adiosssssssss

Zagara dijo...

Me encantó la historia, la emoción recorrio mi cuerpo al momento en que mencionaste el agua que la cubria, y al entender lo que pasaba en tu historia, me fasciné. Gracias por otros buenos 5 minutos de una maravillosa lectura. jajajaja
TQM eli......me encantó

¡Tres hurras por la muerte! jajajaja

Alfonso Bon Caligari dijo...

Hola Devendrah t invito a léer una nota q escribí acerca de tu tabajo literario ...

http://boncaligari.blogspot.com/2010/02/devendrah-la-sublimidad-hecha-palabras.html

Saludos y un abrazo.

Erickkkkkkkkk dijo...

ya despues de aberlo leido lloro la lagrima q solo un alma puede llorar por otra q no esta agusto con su existencia relacionada con otra almaaaaaaaaaa y q esta no se si este al tanto de tu tan profunda tristeza q siempre ha existido intrinsecamente en tu ser.
asi q lloro como cualquier alma acongojida por la tristeza q nos ahoga en esa depresion q parece un pozo. un pozo de infinita longituuuuuuuuuuuuuuuuud y para terminar el comentario sin significado q he dejado atras tan solo te digo tu puedes y si tanto lo extrañas buscalo si tanto te daña olvidar su existencia no lo hagassssssssssssssssssss
y ya

Anónimo dijo...

porque escribes con tanto dolor?
como te sientes por dentro?